Mostrando entradas con la etiqueta VEGANOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VEGANOS. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de enero de 2018

Plantación de arroz

Hace algo más de 2 meses escribía este artículo, donde cuestionaba la creencia dominante en el ámbito “naturista” o “de alimentación alternativa”, en la cual se da por hecho que el hacerse vegetariano o vegano es necesariamente un cambio saludable y positivo a nivel salud.
Luego, unas semanas después, publiqué el artículo de Isabel Fernandez del Castillo, que titulé “Yo también le creí a Moore Lappé“, donde mostraba algunos conceptos erróneos en torno a pensar que el alimento vegetariano es más sustentable que el de origen animal.
Si aquellos artículos despertaron comentarios de todo tipo y tuvieron una repercusión fuerte en las redes sociales, imagino que el que presento hoy va a seguir ese mismo camino o será aún más criticado porque toca el tema de la matanza animal.
Como decía en alguno de esos otros artículos, mi objetivo es brindar información complementaria que pueda ayudarnos a tomar desiciones con una visión más amplia de los diferentes temas que hacen a nuestra alimentación. Y enfoques como este que expongo con este artículo, son ajenos a la bibliografía vegetariana o naturista.
Vale aclarar que en más de 18 años de estudio y experimentación en dietas y filosofías alternativas también fui vegetariano y vegano durante muchos años. Tuve el mismo ideal que Bertonatti* y creí que era una forma de evitar el sufrimiento y la muerte de los animales.
Me equivoqué.
Acá el texto de Claudio Bertonatti*.

La confusión del veganismo
Uno de los grandes problemas ambientales es que las verdades se mueven reptando lentamente por la selva mientras que las mentiras vuelan rápido por cielo despejado. Otro de los problemas es que desde las buenas intenciones se pueden tomar malas decisiones.

Por eso dedico este artículo a quienes dejaron de alimentarse con carne por compasión o solidaridad con los animales. No lo dirijo, entonces, a quienes evitan su consumo por motivos nutricionales, filosóficos o religiosos. Tampoco resultará apto para fanáticos, fundamentalistas o para quienes no dudan de sus creencias u opiniones. No pretendo herir a nadie.

Hay personas que suponen que al evitar el consumo de carne no matan animales. Tengo una pésima noticia para ellas: no es cierto. El más despojado plato de arroz o un simple pedazo de pan también implica un impacto mortal para muchos animales. Que no lo veamos ni sepamos es otro tema. Pero la muerte está presente de un modo inevitable. No existe el desarrollo humano con impacto ambiental cero: para que nosotros podamos vivir muchas formas de vida deben morir. Esta afirmación es chocante pero es una de las verdades más obvias de la ecología, que es la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su ambiente.

Vegetariano u omnívoro
Aclaro que fui vegetariano. En mi adolescencia creía que era una forma de evitar el sufrimiento y la muerte de los animales. Después de un par de años volví a ser omnívoro. Les explicaré los motivos, advirtiendo que no pretendo convertir a nadie a ninguna filosofía o estilo de vida. Solo busco arrimar información, impresiones y experiencias para ayudar a quienes quieran revisar sus decisiones alimenticias con implicancias ambientales.

¿Qué me hizo cambiar de opinión y de conducta? La constatación de la realidad ambiental en el terreno y, fundamentalmente, la comparación de los campos donde se producen nuestros alimentos. Por eso, les propongo repetir el ejercicio. Visiten un campo ganadero y otro agrícola en una misma región y anoten la diversidad de formas de vida que ven en cada uno de ellos. Este ejercicio se puede hacer registrando solo la presencia de aves, anfibios, reptiles, peces, mamíferos, mariposas, hongos o plantas, o de todos estos grupos.

Plantación de arrozEl resultado será inequívoco: un cultivo (soja, trigo, maíz o arroz, para mencionar los más extendidos) no conviven con mucho más que sí mismos. Incluso, sucede esto con la huerta más orgánica del mundo. Las especies animales no solo no son bienvenidas sino que en los cultivos no orgánicos (la mayoría) son combatidas con biocidas o agrotóxicos (venenos), cuando no, tiros u otras formas de lucha para evitar la presencia de predadores que ocasionan daños y pérdidas económicas.

Una de las impresiones más contundentes fue el contraste entre la abundante vida silvestre de los esteros y arroyos del nordeste argentino con las arroceras vecinas.

CarpinchoEn estas últimas no había lugar para carpinchos, ciervos de los pantanos, lobitos de río, boas curiyú, garzas, gallaretas ni patos. Para cultivar arroz se drenan esos esteros, arroyos y riachos para que les deriven su agua y muchas veces, terminan secos o muertos, sin vida. Como se empobrecen o destruyen esos ambientes naturales muchos animales silvestres desamparados buscan refugio o comida en los cultivos que los han reemplazado. Y ahí se desata un segundo golpe. Para evitar que las aves o mamíferos coman los granos o brotes se esparcen semillas envenenadas o se traen tours de cazadores salvajes a desterrarlos a tiros de plomo (también contaminante). Nadie que sepa esto puede decir que por no comer carne y alimentarse con arroz, por ejemplo, no se matan animales.

Claro, la muerte es distinta porque ocurre más lejos, de un modo difícil de ver y variada en su forma (alterando el ambiente, envenenando o disparando balas). Una característica fundamental es que no se matan puntualmente los animales domésticos a consumir (para los que hay una sensibilidad más desarrollada), sino una enorme cantidad de animales de una gran diversidad de especies silvestres: desde invertebrados hasta peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Estos impactos se tornan “invisibles” a la distancia de una gran ciudad y en consecuencia son poco emotivos. Y lo que no emociona no es evocado.

Por desconocimiento, entonces, se tiene mucha más sensibilidad por los animales domésticos que por los silvestres (como si estos últimos tuvieran menos derechos), cuando el nivel de preocupación debería ser inverso. A diferencia de lo que ocurre con las variedades domésticas, las especies silvestres que se extinguen no tienen reposición. Este disparate tiene un correlato coherente, aunque irracional. Entre muchos vegetarianos y veganos hay dolor o lamento constante por la muerte de animales domésticos (que vale la pena aclarar, están fuera de peligro de extinción porque se crían a gran escala) y un silencio sepulcral ante la muerte de la multitud de individuos de especies diferentes de la fauna salvaje. O lo que es peor, ante la desaparición del ambiente en el que conviven miles de formas de vida, muchas veces, de especies amenazadas.

Ganadería y agricultura
Por otro lado, con respecto a la ganadería, cuando se practica de un modo extensivo (o sea, a campo) se pueden ver garzas, ranas, culebras, peces, zorrinos, zorros, gatos monteses, hurones, perdices, hongos y muchas otras formas de vida entre los vacunos, los lanares o los caballares. Y si fuera realizada sobre pastizales nativos, es posible la convivencia hasta con especies amenazadas como los venados de las pampas y el yetapá de collar.

GarzaPero la ganadería viene cediendo terreno a la agricultura. Y, de hecho, la expansión de la frontera agrícola (junto con la urbana) viene siendo desde hace décadas la principal amenaza para la naturaleza argentina, dado que va arrasando con nuestros bosques, selvas, montes, sabanas, esteros y pastizales para reemplazarlos por campos de cultivo. Si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia.

Está claro que -de una u otra forma- la humanidad debe alimentarse y eso genera ineludiblemente un disturbio en la naturaleza, ya sea para reemplazarla o para intervenirla. Y cuando nuestra población crece como lo hace desde hace siglos, de un modo irresponsable o desentendido de la capacidad de carga del planeta, la agricultura se transforma en el mecanismo más fácil para proveer alimentos a gran escala y, en consecuencia, a gran impacto ambiental.

Desde luego existen formas más amigables de cultivar, pero no se practican a gran escala y menos en el contexto de crecimiento poblacional mundial.

También existen formas menos cruentas de matar a los animales, pero cuando uno es sensible, hasta la eutanasia programada duele. Lo cierto es que existen técnicas para aplicar una “muerte humanitaria”, que es inmediata, evitando maltrato, crueldad y agonía. Si se aplicara en los mataderos o “criaderos” se evitaría el maltrato y agonía que caracteriza a muchos de ellos. Ojalá tuvieran esta oportunidad los miles de animales silvestres que mueren cotidianamente envenenados por el uso de agroquímicos, mal heridos o baleados por los cazadores asociados con la defensa de los cultivos o los que quedan hambrientos y sin refugio porque su ambiente fue arado.

Para evitar que se maten animales la única solución es dejar de comer. Ya hemos visto que cualquier dieta capaz de sostenernos acarrea más muertes de las que imaginamos. Uno de los grandes temas a resolver a escala mundial es cómo transformar la actual producción industrial de alimentos en un modelo compatible con la conservación de los espacios silvestres. No solo practicando agricultura y ganadería sostenibles y sustentables, sino también siendo más humanitarias con las demás formas de vida.

Este caso ejemplifica lo difícil que es catalogar de “blanco” o “negro” un tema ambiental. La realidad tiene abundantes tonos de “grises” y es más compleja a medida que nos interiorizamos en ella. Al principio, suele ser ingrato hacerlo porque –sin anestesia- destroza ideas utópicas propias de un mundo ideal. Así, concluiremos en elegir la opción menos mala en lugar de la más buena.

Nuestro mundo real es imperfecto y no tenemos otro. Es difícil cambiarlo si nosotros no cambiamos. El historiador escocés Thomas Carlyle (1795-1881) dejó una reflexión oportuna para esta situación: “¿Que esta es una mala época? Pues bien, estamos aquí para hacerla mejor”. Si aceptamos el desafío se hace ineludible detenernos a contrastar ideas y realidades para tomar decisiones inteligentes y buenas.

Acá, en Noticias agropecuarias pueden ver el artículo original.

*Claudio Bertonatti es Museólogo. Docente de la Cátedra Unesco de Turismo Cultural, la Escuela Argentina de Naturalistas y de la Universidad del Museo Social Argentino. Consejero de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) y asesor de la Fundación de Historia Natural ‘Félix de Azara’.

El veganismo también mata a los animales
Hace un poco menos de una semana, Claudio Bertonatti uno de los naturalistas más reconocidos de Argentina, escribió un artículo que generó un gran impacto. En unos pocos días su alcance por las redes sociales despertó pasiones sobre los estilos de vida, la conservación de la naturaleza y la huella de los humanos en el planeta.

En su texto, La confusión del veganismo, advierte que consumir vegetales no evita la muerte de animales. Esto enfureció a muchos, sobre todo a aquellos que decidieron en algún momento de sus vidas cambiar su dieta y convertirse en veganos para reducir el sufrimiento de los animales y generar un mínimo impacto en la naturaleza. Sin embargo, más allá de la polémica, su argumento tiene un peso indiscutible, y aquellos que no habían profundizado en el tema aprendieron sobre los derechos de los animales, algo que, a lo mejor, no se habían detenido a pensar.

El argumento central es que quienes creen que al no consumir carne no matan animales están equivocados. El más despojado plato de arroz o un simple pedazo de pan también implican un impacto mortal para muchos animales. Que no lo veamos ni sepamos es otro tema. Pero la muerte está presente de un modo inevitable. No existe el desarrollo humano con impacto ambiental cero: para que nosotros podamos vivir muchas formas de vida deben morir. Esta afirmación es chocante pero es una de las verdades más obvias de la ecología, que es la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su ambiente.

Para Bertonatti “desde el momento en que los humanos empezamos a criar ganado y adoptamos la agricultura, generamos impactos. No hay especie animal que no mate o no coma mediante la muerte de otros animales, directa o indirectamente. Entiendo que puede ser doloroso, a mí también me gustaría vivir en un mundo ideal, pero la realidad es otra. No todos, pero muchos veganos creen que no causan ninguna muerte, lo mismo que la gente que viste sólo ropa de algodón, y sí lo hacen”.

Para las personas que creen que el veganismo es sinónimo de protección a los animales, Claudio argumenta que no es cuestión de señalar a unos más responsables que otros porque “no hay una posición correcta: si comes carne matas animales, y si comes plantas también. Mucha gente que se preocupa por temas ambientales busca los buenos y los malos, y no es así, todo es más complejo”.

Aunque el veganismo no ocasiona muertes directas, lo que los veganos comen implica una serie de procesos en los cultivos, en donde los animales terminan afectados de diferentes maneras. Es decir, el veganismo termina matando animales de manera indirecta debido a lo que conlleva la producción de los alimentos consumidos por los veganos.

“Trigo, arroz, maíz. La mayoría de los veganos los comen. El primer impacto de los cultivos masivos es la deforestación: desalojamos a la naturaleza para plantar. En Argentina directamente se quema la selva y se queman nidos con lanzallamas. Luego hay que defender la siembra de las aves que vienen a hurgar, por lo que muchos propietarios distribuyen granos envenenados. Después, los herbívoros silvestres van a ir a por los primeros brotes: se ponen entonces alambradas eléctricas, o directamente se cazan a tiros”

Bertonatti explica que a pesar de haber sido vegano durante varios años, decidió volver a ser omnívoro desde que entendió que el motivo inicial por el que había dejado de consumir alimentos de origen animal tenía falencias, y pensar que de esta manera no se estaban matando animales, era una percepción ignorante.

Lo que plantea entonces es la constatación de la realidad ambiental en el terreno y, fundamentalmente, la comparación de los campos donde se producen los alimentos. Por eso propone un ejercicio: “Visiten un campo ganadero y otro agrícola en una misma región y anoten la diversidad de formas de vida que ven en cada uno de ellos. Este ejercicio se puede hacer registrando solo la presencia de aves, anfibios, reptiles, peces, mamíferos, mariposas, hongos o plantas, o de todos estos grupos”. Esto permitirá entender que el daño ambiental del veganismo es implícito, pero esto no quiere decir que no exista.

Hoy en día los estilos de vida son muchos y los motivos para hacer parte de ellos son innumerables. Claudio Bertonatti, con su artículo, ha puesto a muchos a dudar y ha despertado el debate sobre el estilo de vida del veganismo.

Animalista imitando estar envasado.
El veganismo no deja de ganar adeptos y algunos de ellos se convierten además en activistas por los derechos de los animales. Y hay quien dice que con sus actos están llegando demasiado lejos...

"Cuando te llaman asesina y violadora, claramente se están sobrepasando los límites", le cuenta a la BBC Alison Waugh, una granjera de la localidad inglesa de Northumberland, en el noreste del país.


¿Qué pasaría en el mundo si todos fuéramos vegetarianos?
Sostiene que ha recibido intimidaciones por su trabajo y que tanto ella como otros compañeros de profesión se sienten amenazados.

"Resulta irónico que las mismas personas que defienden la paz para los animales te digan 'espero que tú y tu familia vayan al infierno por lo que haces", cuenta en el programa matinal de Victoria Derbyshire, de la BBC.

"Cuando existen personas que atacan los mercados en los que se vende carne, que pintan las paredes de tu granja con grafitis, empiezas a preguntarte si tus vacas estarán seguras por la noche".


Alison Waugh asegura que ha llegado a recibir amenazas de muerte por su profesión.
Activismo
Un grupo que promueve la conversión al veganismo a nivel global es Save Movement. Y sus miembros aseguran rechazar el uso de la violencia en sus campañas, centradas sobre todo en compartir imágenes en redes sociales sobre el maltrato animal.

Es lo que hace Joey Carbstron, quien se ha convertido en una especie de estrella en Instagram por mostrar lo que la industria alimentaria hace con algunos animales para convertirlos en comida.

"Hoy en día tenemos tecnología, como los iPhone, que te permite dar a conocer las caras de las personas que perpetúan el maltrato animal y le podemos decir al consumidor 'de aquí es de donde viene tu comida'", asegura.


Joey filmó un video que fue visto por más de 17.000 personas.
No es extraño ver a activistas en los departamentos de carne del supermercado sosteniendo carteles y pancartas o recreando los ruidos que se escuchan en un matadero.

También hay casos de asaltos a centros en los que se sacrifican los animales que sirven luego de alimentos y a granjas.

Conflictos
La Sociedad Vegana de Reino Unido, la organización más antigua de este tipo en el mundo, describe el veganismo como "el estilo de vida que más rápido crece". Según la entidad, el 2017 la demanda de estos productos se multiplicó por diez en comparación con el año anterior.

A su vez, la Asociación Porcina de Reino Unido denuncia que algunos de sus socios "no pueden dormir" porque hay activistas de grupos como Save Movement que entran en las granjas y en los mataderos por la noche.

Y la Asociación de Proveedores Independientes de Carne del país se ha reunido incluso con miembros del Centro Nacional de Operaciones contra el Terrorismo de la Policía para discutir cómo responder a este tipo de acciones.

Este mismo mes la compañía de tranvías de la ciudad de Yarra, en Australia, retiró de sus vehículos una campaña a favor del veganismo que contenía imágenes provocadoras, argumentando que iban "en contra de su política de empresa". Los anuncios buscaban provocar el máximo impacto durante el Open de Australia de tenis.


Algunos activistas en defensa de los derechos de los animales llevan a cabo campañas muy llamativas como esta, en la que un miembro de un grupo animalista simuló ser un producto cárnico envasado.
Alison Waugh no admite que le digan que explota y maltrata a sus animales. "Resulta chocante cuando le pones tanto cariño y sientes tanto orgullo por lo que haces".

"Creo que no entienden que hay diferencias entre los animales de compañía y aquellos que utilizamos para alimentarnos".

"Sociedad enferma"
Para el activista Joey Carbstron, sin embargo, la sociedad no se preocupa lo suficiente por los animales.

"No puede ser que queramos los queramos pero luego comamos su carne o paguemos para llevarlos a un matadero", afirma.

"Los trabajadores de estos lugares son el producto de una sociedad enferma que quiere que consumamos carne animal".

Mujer disfrazada de carne cruda en protesta.Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption
Los animalistas rechazan el sufrimiento animal provocado por los humanos.
Carbstron rechaza ser un extremista, pero dice que la gente tiene que entender el sufrimiento por el que pasan los animales.

"Si fueran perros, la gente nos ayudaría. Asaltarían granjas y mataderos con nosotros".

La visión de los granjeros y campesinos es bien distinta, según Alison Waugh.

"Es un ataque a la industria y a personas como yo y mi familia. Siempre existirá el consumo animal y yo seguiré luchando por este oficio tanto como pueda".

Categories

Con la tecnología de Blogger.

Blogger templates

BTemplates.com

Followers

Popular Posts